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Esta pieza de sobremesa propone una relación íntima entre la obra y el espectador: la de abarcar con la mano o la
mirada la planta de una casa de la ciudad de Ur.
Es un modelo o maqueta arqueológica hecha escultura, que trata de aprehender la quintaesencia formal, de ser
intermediario entre el mundo de la idea y el de la realidad a la vez que nos permite explorar nuestro entorno.
Su pequeña dimensión permite el placer del dominio sobre los artefactos que nos rodean y nos someten. Lo pequeño
reduce la mirada y excita el placer de abarcar la totalidad, condensa la imensidad del mundo a escala del que la abarca.
Al contemplar esta casa, además, nuestra memoria se desplaza a otros tiempos ya perdidos.
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